La historia que inspiró un libro

La historia que inspiró un libro

Esto que os voy a contar es real como la vida misma. Los que me conocéis sabéis de mi mente racional, de mi búsqueda de la explicación a todo lo que ocurre, pero esto que pasó, no lo sé explicar. Y es por ello que me desasosiega y lo aparto de mi mente, evitando evocar los sucesos que pasaron, y que culminaron aquella calurosa noche de San Juan.
 
De todas maneras, de vez en cuando, cuando estoy sólo en mi cama, en el silencio de mi casa, escucho ruidos lejanos, y siento el miedo de que se vuelva a reproducir todo otra vez, de que vuelva a empezar, de que vuelvan esos movimientos de aire frío en mi habitación, de sentir cómo se me erizan todos y cada uno de los vellos de mi cuerpo.
 

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El último hombre sobre la faz de la tierra

El último hombre sobre la faz de la tierra

Entró en la casa cuando el sol se ponía por el horizonte. La pesadilla había acabado, o comenzaba en ese preciso instante. No sabía qué era peor, todo lo que había pasado, o lo que quedaba por venir. Se sentó en la silla, con la cabeza entre las manos, pensativo, agotado. Había sido un día muy duro, el último día de unos meses de incertidumbre.

Todos habían muerto. En realidad todo había muerto, el planeta había perdido la capacidad de mantener la vida. Los animales, las plantas, los hombres. Se habían extinguido. Había sido progresivo, pero a la vez muy rápido. Todo había comenzado un año antes, y después de millones de años de evolución, en tan sólo una vuelta completa de la tierra alrededor del sol todo se había ido al garete.

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Fuera de mí

Fuera de mí

Siempre me ha gustado la escalada. Aprendí a practicarla en una escuela cerca de mi pueblo. Me enseñó un vecino al que también le apasionaba. Con él aprendí a trepar chimeneas, a defenderme por diedros, subir usando mis dedos por grietas. Todos los fines de semana iba a ascender monolitos, paredes, agujas. La sensación de dominar la verticalidad me hacía sentir libre.

La escuela de escalada se me quedó pequeña y enseguida empecé a volar hacia otras zonas. Picos de Europa, Pirineos… paredes cada vez más complicadas, más largas, sólo o con algún compañero, nada se me resistía. Escalada en caliza, en granito o incluso en el complejo conglomerado de Riglos. Fui capaz de abrir alguna vía complicada como la de Las Algas en la cara este de los Picos de Infierno o Guatepeor en el Pico Valdecoro.

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