Entró en la casa cuando el sol se ponía por el horizonte. La pesadilla había acabado, o comenzaba en ese preciso instante. No sabía qué era peor, todo lo que había pasado, o lo que quedaba por venir. Se sentó en la silla, con la cabeza entre las manos, pensativo, agotado. Había sido un día muy duro, el último día de unos meses de incertidumbre.
Todos habían muerto. En realidad todo había muerto, el planeta había perdido la capacidad de mantener la vida. Los animales, las plantas, los hombres. Se habían extinguido. Había sido progresivo, pero a la vez muy rápido. Todo había comenzado un año antes, y después de millones de años de evolución, en tan sólo una vuelta completa de la tierra alrededor del sol todo se había ido al garete.

