El fascismo en Europa
Hay una época fascinante en la historia reciente de la humanidad. Es el período comprendido entre 1922, coincidiendo con la llegada de Mussolini al poder expandiendo la doctrina fascista por toda Europa hasta 1945, con el estallido de la bomba atómica de Nagasaki, final de la segunda guerra mundial. Históricamente durante esos 23 años el mundo sufrió una revolución social, económica y tecnológica sin precedentes.
Durante esos años, relacionado con el esfuerzo bélico, se desarrolló la aviación desde los biplanos procedentes de la primera guerra mundial hasta los primeros reactores que surcaron los cielos. Se sentó la base de los misiles balísticos y de crucero y por ende la de la carrera espacial. Se partió de un estudio básico del átomo a los primeros reactores nucleares y a las bombas atómica.
Políticamente aparecieron dos nuevas concepciones de la sociedad, el comunismo y el fascismo. El primero llegaba de la revolución del 18 en Rusia y era aún reciente, pero al final del período se consolidó en una política de bloques que dividió al mundo durante décadas. El segundo por suerte fue eliminado, pero controló prácticamente toda la Europa continental durante más de una década.
Pero fue un período de luces y sombras, marcado por un conflicto bélico desconocido hasta entonces y que si bien por un lado motivó un desarrollo tecnológico desconocido hasta entonces, por otro la humanidad mostró su lado más oscuro, con los planes de exterminio de grupos étnicos completos sólo por ser diferentes.
Jasenovac es una novela que toma el nombre de uno de los campos de concentración más crueles de ese período. Creado por los Ustacha, una secta de corte cristofascista croata en agosto de 1941 funcionó hasta abril de 1945, cuando fue liberado. En él fueron asesinadas 100.000 personas según las estimaciones más conservadoras aunque hay estudios que hablan de unas 700.000 personas muertas de las formas más crueles inimaginables.
Jasenovac, un campo de exterminio en el corazón de Croacia
Yugoslavia intentó mantenerse neutral durante la segunda guerra mundial, pero con gran parte de la Europa continental bajo la bota del fascismo. Italia había intentado invadir Grecia en 1940, pero los griegos los expulsaron del país. El despliegue de tropas inglesas en el país helénico suponía una amenaza para Alemania, ya que la Batalla de Inglaterra se había estancado. Los nazis decidieron que tenían que eliminar el riesgo que suponía tener al enemigo en el continente por lo que en abril de 1941 las tropas nazis invadieron Yugoslavia.
La batalla continuó con la invasión de Grecia. Aprovecharon que en Croacia había un partido fascista, los Ustacha y crearon un gobierno títere en ese territorio. Y éstos se dedicaron a hacer una limpieza étnica creando el campo de exterminio de Jasenovac. Uno de los líderes ustachá, Ante Pavelic, fue el ideólogo de este genocidio. Por cierto, después de la segunda guerra mundial se refugió en España, donde murió en 1959 protegido por el régimen de Franco.
Los métodos utilizados en ese campo de exterminio eran escalofriantes. Uno de los métodos preferidos era atar a dos personas juntas, disparar en la cabeza a una de ellas y arrojar los cuerpos al río para que el muerto ahogara a su compañero. Es célebre un concurso que se realizó en 1942 con 10.000 campesinos serbios recién deportados al campo. Se regalaba un reloj de oro y un lechón asado a quien fuera capaz de degollar al mayor número de personas usando un Srbosjek, un cuchillo que se aplicaba a la muñeca y se utilizaba para esquilar ovejas. Petar Brzica ganó tras una agotadora jornada tras asesinar a 1.360 personas.
El cuchillo que se utilizaba en aquellos asesinatos masivos es el que aparece en la novela en su portada.
La población alemana frente al exterminio
Avanzada la segunda guerra mundial, la mayor parte de la población masculina alemana en edad de combate, que a su final se extendía entre los 16 y los 55 años, estaba en cualquiera de los frentes abiertos, sobre todo el del este. A Alemania y los países limítrofes, donde se concentraba la industria militar y el resto de la industria y agricultura, llegaban oleadas de prisioneros, principalmente soviéticos. A éstos se sumaban los prisioneros políticos y étnicos de la propia Alemania.
Sin mano de obra, de la limpieza de calles, de trabajar en las fábricas y de cultivar los campos se encargaban estos prisiones en forma de mano de obra esclava. La población alemana se acostumbró a ver a los prisioneros por las calles, vigilados por policías o miembros de las SS, con sus trajes a rayas característicos. Los miraban con desdén ya que los consideraban privilegiados frente a sus maridos, hijos o hermanos que estaban dando su vida en el frente.
Pero habían quienes se preguntaban qué pasaba con los que no servían para trabajar. En qué condiciones vivían o si se les podía realmente mantener con el gasto que eso suponía. Y también qué pasaría con ellos una vez acabada la guerra, sobre todo con los prisiones políticos y étnicos alemanes. Y la respuesta a esas preguntas no era nada esperanzadora. Era mejor no pensar y mirar hacia otro lado lado.
Los bombardeos masivos sobre la población civil
Este tipo de bombardeos los iniciaron los alemanes. El bombardeo de Belgrado a pesar de haberse declarado la capital yugoslava “ciudad abierta” o lo que es lo mismo, rehusando a su defensa para proteger a su población civil, fue metódico. Se realizó en tres fases. La primera una batida con bombas rompedoras. Éstas destruían manzanas enteras e inutilizaban las comunicaciones al llenar las calles de escombros y agujeros.
La segunda fase se realizó con bombas incendiarias de termite que provocaron un importante incendio entre las casas de tejados de madera de la ciudad. Los bomberos no podían hacer nada contra los incendios ya que las calles estaban impracticables.
Una tercera oleada con bombas rompedoras extendió los incendios hasta lograr una tormenta de fuego sobre la ciudad.
Pero ese tipo de bombardeos no fue exclusiva de los nazis. Los aliados los realizaron profusamente. Famosos fueron el de Hamburgo, el de Dresde y los de Hiroshima y Nagasaki. El comandante en jefe inglés Arthur Harris, más conocido como el “Carnicero Harris” fue el máximo responsable aliado de esos bombardeos. Al final de la segunda guerra mundial no parecían necesarios, a no ser que persiguieran no doblegar a un enemigo vencido, sino mostrar fortaleza y determinación contra a un enemigo futuro al que sabían que no podían hacer frente por tierra. El enemigo soviético, ese que podría haber continuado la guerra hasta el Atlántico sin que los ejércitos aliados de tierra hubieran podido parar, ese al que los estadounidenses no querían ni ver por Japón.
Hay que señalar que este tipo de bombardeos se iniciaron en la Guerra Civil española, siendo el más famoso por la simbología que representa el de Gernika. La novela Pilar se enmarca en ese período.
La bomba atómica
Tanto los estadounidenses como los nazis perseguían el control del átomo, pero con distintos fines. Mientras que los americanos pretendían crear una bomba, los alemanes preferían utilizar ese poder para generar energía, muy escasa en una Europa en guerra y sin petróleo. A principios de 1945 el proyecto Manhattan, el que perseguía la bomba atómica en EEUU, estaba atascado. Tenían el desarrollo completo para hacer estallarla, ya fuera utilizando la masa critica de U235 como por implosión de Pu238. Sabían fabricar el plutonio ya que habían desarrollado un método de fabricar grafito sin el contaminante boro.
Pero no sabían enriquecer el uranio. Los métodos que estaban utilizando sólo les habían permitido obtener unos pocos gramos del preciado mineral.
Por otro lado, los alemanes se habían atascado en la moderación de la reacción ya que su grafito estaba contaminado por boro y no disponían de agua pesada tras los sabotajes aliados de la planta de fabricación de ésta en Noruega.
Pero algo pasó en abril de 1945, tras la rendición de Alemania, para que en julio de ese mismo año, tres meses después, EEUU dispusiera de la bomba atómica. Y ese algo está relacionado con un submarino, el U234, que transportaba uranio a Japón desde Alemania. Además, poco después, en 1949, sin experiencia nuclear previa, los soviéticos hicieron explotar su bomba.
Es más que posible que los alemanes hubieran descubierto un método para enriquecer el uranio mediante centrifugadoras.
No ha habido más bombardeos atómico sobre ciudades ni se ha vuelto a utilizar esta tecnología con fines bélicos salvo como arma de disuasión. Sin embargo la novela El final de la cuenta atrás especula sobre la posibilidad de un ataque nuclear sobre la ciudad de Nueva York.
La novela
Jasenovac es una novela que describe la vida de un matemático judío de origen húngaro. Se ve obligado a huir de su país por culpa de los Cruces Flechadas, el partido fascista húngaro, cuando toman el poder, refugiándose en Yugoslavia. Sin embargo, tras la invasión nazi del país, acaba siendo recluido en el infierno de ese campo de concentración.
Antes de la invasión entabla amistad con dos de sus alumnos, los más brillantes. Tras la ocupación nazi, uno de ellos, croata, recibe una beca para estudiar y trabajar en la universidad de Leipzig mientras que el segundo se ve obligado a huir a Grecia y acaba en Estados Unidos trabajando en proyecto Manhattan.
A través de las vivencias de estos tres personajes intento ahondar en el infierno de los campos de exterminio, en el por qué de los bombardeos indiscriminados aliados y elaboro una hipótesis de cómo pudo resolver EEUU el problema del enriquecimiento de uranio.
Debo advertir de que se trata de una novela dura, sin concesiones, donde la violencia se muestra de forma explícita.
No es la única novela bélica que he publicado. Pilar se enmarca en la guerra civil española. El final de la cuenta atrás plantea la posibilidad de un ataque nuclear sobre Nueva York, sus causas y sus consecuencias.
En este enlace te puedes bajar una muestra de la novela en PDF, los 4 primeros capítulos. Pinchando en la foto de la portada o en los enlaces de la página puedes acceder directamente a la página de la novela.
Sobre la novela
La segunda guerra mundial me empezó a atraer a raíz de leer la novela “La legión de los condenados” de Sven Hassel. En esa novela se hace un repaso de los campos de concentración y de la guerra desde el punto de vista de un prisionero primero y soldado después alistado a la fuerza en el ejército nazi.
A partir de ahí empecé a estudiar primero la tecnología que se desarrolló durante aquellos años y luego los aspectos sociales derivados de la guerra, desde los campos de exterminio hasta los bombardeos masivos sobre la población civil, concentrados en el exterminio de las personas. Las cifras hablan solas. En el campo de Jasenovac se estima que murieron entre 100.000 y 700.000 personas durante los poco más de tres años que funcionó. El bombardeo de Hiroshima mató a 80.000 personas en cuestión de segundos. Se calcula que en la segunda guerra mundial murieron 60 millones de personas.
Durante esos años, la industria bélica experimentó un auge sin precedentes. Al estar implicados un buen número de países, todos ellos con una capacidad económica e industrial notable, la competencia tecnológica fue realmente increíble. El más importante fue el proyecto Manhattan, que finalizó con el desarrollo de la bomba atómica, pero no fue el único. Nuevas aleaciones, sobre todo en aluminio para la aviación. El radar. Desarrollos en náutica, en carros de combate, bombas, aviación, motores…
En la novela se intentan mostrar estos dos aspectos totalmente antagónicos de la segunda guerra mundial: la degradación de la humanidad en relación con los derechos de las personas y el desarrollo tecnológico sin precedentes.
