Y elegimos meteorito

Vivíamos los dinosaurios felices en nuestra Pangea particular, con una temperatura agradable, tropical casi diría yo, para la época en que estábamos, finales de un plácido jurásico, cuando los nubarrones que anunciaban el cambio de período aparecieron en el horizonte.


Los tiranosaurios rex dominaban la cadena alimenticia. Nos mantenían cercados en nuestras reservas. Los velociraptors eran igual de peligrosos. Estaban plegados a las órdenes de sus jefes, los tiranosaurios, en esa cadena jerárquica de quién se come a quién.

Los herbívoros, pacíficos y tranquilos, nos dedicábamos a pagar nuestro tributo de carne a los que estaban por encima de nosotros en la cadena alimenticia. Engordábamos para ellos, y en el momento en el que estábamos lo suficientemente rollizos como para que nos costara movernos ágilmente, los depredadores nos cazaban y devoraban.


Siempre había sido así, desde el principio de nuestro querido periodo jurásico. Éramos felices viviendo subyugados por los de arriba, ya que considerábamos que eso era nuestra zona de confort. Salir de ella, para los dinosaurios, nos suponía una angustia terrible.


Pero de repente, un grupo nuevo de dinosaurios vino a desafiar el poder preestablecido, el sistema que durante millones de años había permitido a nuestras élites depredadoras sobrevivir extrayendo nuestra riqueza gastronómica. Ellos volaban y eso los hacía diferentes.


Tenían plumas y nos decían que establecerían un cupo mínimo de comida para todos, de manera que no sufriríamos hambre ni penurias cuando los depredadores se cebaran demasiado en nosotros. Nos dijeron que establecerían un mecanismo de depredación, de manera que regularían qué y cuánto comerían los tiranosaurios y los velociraptors de nosotros, para que pudiéramos crecer como especies.

Pero los velociraptors, auspiciados en la sombra por los tiranosaurios, vinieron a alertarnos. Aquellos dinosaurios voladores habían asesorado a los mamíferos, una rama biológica incipiente, y veíamos cómo éstos amenazaban nuestros hábitats. Además, eran pequeños y peludos. ¿Queréis ser pequeños y peludos como los mamíferos? Nos decían.


Nos propusieron un cambio para que nada cambiara, nos anunciaron la posibilidad de votar meteorito. Lo contrario era caos y desaparición como especie dominados por los mamíferos y los voladores. La ansiedad se cebó en nosotros. El miedo a la libertad, al cese de la tiranía hizo que reaccionáramos en masa. No queríamos convertirnos en mamíferos, algo en realidad absurdo, ya que no estaba en nuestros genes… pero…


… y votamos meteorito.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *