La doctora Andrea Salazar comprobó la fecha en el calendario que había en la pared de su laboratorio de física cuántica en la Universidad de Míchigan. Llevaba mucho tiempo estudiando los viajes en el tiempo y por fin, después de muchos años de estudio, había llegado a la conclusión de que eran más habituales de lo que la gente pensaba.
Hacía exactamente 3 meses y dos días que había iniciado el experimento. Había guardado un objeto normal y corriente en su cápsula del tiempo, y si sus cálculos eran correctos, aparecería ese día después de haber estado todo ese tiempo viajando a través de un agujero de gusano.
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