Aunque ya se llevaban varios años de protestas en contra de la dictadura disfrazadas de huelgas laborales, con sindicatos clandestinos movilizando a los trabajadores fue a raíz de la muerte del dictador cuando se acentuaron los conflictos laborales, mezclándose con otro tipo reivindicaciones que pedían una transición hacia la democracia del régimen.
El postfranquismo se sintió acorralado tras hechos como el asesinato de 5 trabajadores el 3 de marzo de 1976 en Vitoria-Gasteiz en el contexto de una huelga del sector del metal al que se unieron muchas empresas incluso de otros sectores. A la salida de una asamblea en la iglesia de San Francisco en el barrio de Zaramaga la policía nacional cargó con armas de fuego contra la multitud allí concentrada. Los responsables políticos de aquella masacre, el ministro de información Manuel Fraga y quien asumía la responsabilidad en su ausencia (se encontraba en el extranjero) Adolfo Suarez, conocidos postdemócratas, salieron indemnes tanto de esta como de otras actuaciones desmesuradas de la policía que se dieron esos años.
Además, durante aquellos años el terrorismo de ETA Político-Militar y de su escisión de 1974, ETA militar, golpeaba fuerte en el País Vasco con decenas de atentados, azuzando un avispero social con ansias de aperturismo y libertad. Se produjo un cambio de régimen y se votó una constitución con unos resultados que se prestaban a muchas interpretaciones. Mientras que el PNV pedía la abstención los sectores vinculados a ETA pedían el no.
Y en los años 80 entró con fuerza entre la juventud la heroína, que se convirtió en una plaga que se llevó miles de vidas por delante. Leer más

