Cuento corto de terror

Mucha gente cree en Dios. Están convencidos de que un ser supremo creó el mundo. Los más avanzados, para compatibilizar sus creencias con los descubrimientos científicos, hablan del Diseño Inteligente, mediante el cual, Dios está detrás del funcionamiento del universo.


Según ellos, fue el que creó el big bang, las leyes inmutables de la física y quien estuvo detrás del nacimiento de la vida. Toda la perfección del universo existe gracias a ese diseño inteligente, divino. Y su objetivo fuimos nosotros, los seres humanos.


Dentro del universo creó una galaxia que albergaba un sistema solar, con un planeta de un tamaño tal que pudiera albergar por su gravedad una atmósfera, que estuviera a una distancia adecuada de la estrella para que el agua pudiera encontrarse en estado líquido, y con una luna que ajustara el movimiento de los océanos adecuadamente.


¿Cual es la probabilidad de encontrar un sistema solar con esas características? ¿Con un sol de un tamaño tal que pueda hacer girar a su alrededor a un planeta a una distancia adecuada y con la masa justa como para albergar vida?

Se crea la vida, aparecen los aminoácidos esenciales, las primeras bacterias, los seres pluricelulares… los animales y vegetales tal y como los conocemos. Por fin aparece el ser humano, un ser inteligente. ¿Realmente todos los animales por tener cerebro son inteligentes? ¿O sólo el ser humano lo es?


Ahí es donde Dios decidió crear un nuevo elemento, algo que pudiera diferenciar al ser humano del resto de los animales, algo que le dotara de inteligencia. Creó el alma.


El alma, la esencia de Dios, controla el cuerpo. A través de ese cuerpo, de los sentidos, adquiere experiencias, conoce el entorno, toma información. El alma analiza esa información, y es capaz de interaccionar con su entorno, hablar con otros seres humanos, desarrollar tecnología, crear arte.

Pero Dios cometió un error. Creó un alma inmortal… para un cuerpo mortal.


¿Qué sucede al morir? Pues que el alma inmortal pasa a un nuevo estado. Mantiene todas sus experiencias, todo su conocimiento, todo lo que ha adquirido a través de su cuerpo mortal, pero pierde ese cuerpo mortal. Ya no puede ver, no puede oír, no puede oler, no puede sentir. Y tampoco puede hablar, comunicar, usar herramientas. Sin cuerpo, el alma está aislada.


A partir de entonces, después de la muerte, el alma queda aislada. Sólo tiene los recuerdos en un mundo vacío, oscuro, silencioso. Unos recuerdos cada vez más lejanos porque el tiempo pasa inexorablemente. Eternamente.


Ese efecto secundario derivado de un error de diseño… crea la tortura más cruel que jamás nadie osó imaginar. Tan sólo quizá Dios…

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