48 horas más

Se levantó de la cama con una idea obsesionándole. Seleccionó la aplicación de su móvil, como hacía todos los días, y se puso a trabajar. La idea que hasta entonces era imposible, se volvía real. Llevaba tiempo estudiando las posibilidades de la nanotecnología, y vio que el diseño que le rondaba la cabeza era factible.

Un pequeño nanorobot de ordenes simples. Montaría un contador geiger simple capaz de medir la emisión de neutrones de micropartículas, y por tanto de seleccionarlas. Si el pequeño robot topaba con una partícula radioactiva, la engulliría, hasta llenar su depósito. Dos órdenes simples. Engullir partículas o expulsarlas.

¿Cómo activar la orden de buscar y engullir partículas? Mediante un campo magnético. Al cesar este campo, el nanorobot se dedicaría a escupir las partículas previamente engullidas. El equipo hecho de aluminio, ya que de esa manera será fácilmente recuperable mediante un simple sistema de corrientes de foucault.

La idea, introducir tierras contaminadas por radioactividad previamente desecadas y finamente molidas junto con los nanorobots en un mezclador y con un fuerte campo electromagnético. Dejar actuar a los nanorobots durante un tiempo y separarlos mediante un campo electromagnético variable que provocara las corrientes de Foucoult.

Se introducen los nanorobots en un agitador, sin campo magnético, y con el movimiento expulsarán las partículas radioactivas. Otro paso por un campo electromagnético variable y se recuperarían los nanorobots teniendo un buen número de partículas radioactivas separadas. Repitiendo la operación varias veces se podrían recuperar tierras radioactivas. Ideal para Fukushima.

Pero no sólo eso. Ideó rápidamente un sistema similar para enriquecer uranio. Sería sencillo. El sistema típico de hexafloruro de uranio que sirve para separar por diferencia de gravedad, aprovechando que es un gas y que el flúor es un elemento muy ligero, por lo que la diferencia de peso entre los diferentes isótopos del uranio resulta más patente.

Oxidando este hexafloruro se obtiene óxido de uranio, en forma de pequeñas partículas, y se recupera el flúor. Esas partículas de óxido de uranio pueden ser molidas muy finamente. Se mezclarían entonces con los nanorobots y éstos seleccionarían las partículas que más cantidad tuvieran del isótopo 235 del uranio, el radioactivo.

Esas partículas se convertirían en hexafloruro de uranio, para volver a oxidarlo y conseguir una nueva mezcla de partículas. Repitiendo la operación un número determinado de veces sería relativamente sencillo enriquecer uranio así, a un coste muy reducido, y con una tecnología al alcance de cualquiera.

Fue entonces cuando empezó a considerar la idea de no patentar el sistema, sino en vendérsela a un país como Irán. ¿Cuanto pagarían por esa tecnología? Empezó a valorar los pros y los contras de vender la tecnología a un país que como Irán no podría acceder a ella por métodos tradicionales. Pero no sólo Irán, otros países como Israel pagarían un buen pico por disponer de un sistema barato de enriquecimiento de uranio.

Otro aspecto que le preocupaba era la seguridad. Era más seguro vender la tecnología a Irán que a Israel. En el primer caso, una vez cobrados sus emolumentos se olvidarían de él. En cambio, si se lo vendía a Israel, una vez dispusieran de la tecnología, seguramente lo eliminarían para evitar que llegara a manos de terceros.

Además, a Irán le convendría mantener el secreto, por lo que no le traicionarían descubriendo quién les había facilitado la tecnología. Y esa tecnología, seguramente valía millones.

En ese momento sonó una alarma en el móvil. Era la aplicación que tenía instalada y que había activado nada más despertarse. ¿Tanto tiempo había pasado?

Se acercó al hospital con el sobre que había cogido de encima de la mesa. Habló a la enfermera, entregándole el sobre. Ésta llamó al médico residente:

– Acaba de llegar José Pacheco. Ha tenido un brote psicótico por la toma de derivados del cannabis y le ha saltado la alarma. Ya lleva 48 horas despierto. Está diagnosticado y trae su historial. Le pasamos a un box. Una enfermera le suministrará la medicación que aparece recetada para que descanse. Acuda cuando pueda a atenderle.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *