¿Qué es el alma?

En este artículo vamos a analizar la existencia del alma. Lo más importante es definir qué es realmente eso que llamamos alma. La RAE lo define en su primera aceptación como “Principio que da forma y organiza el dinamismo vegetativo, sensitivo e intelectual de la vida.” Aunque esta definición nos deja como al principio, nos da una pista sobre qué puede ser el alma.

En principio, el alma parece ser algo que es lo que organiza la vida de las cosas, algo único que es capaz de coordinar, de tomar decisiones dentro de cualquier ser vivo.

Por tanto, el alma sería la especie de inteligencia, desde la más básica unicelular, hasta la más compleja, como la humana, que guía las decisiones que toma cada ser vivo, decisiones que la materia muerta no es capaz de tomar. Así pues, una célula, por muy simple que sea, es capaz de alimentarse y en algunos casos, tienen hasta capacidad de movimiento o de organización dentro de un ser vivo pluricelular. Un grano de arena será movido por el viento y sólo obedecerá a las leyes físicas.

Vamos a analizar qué es realmente ese alma y cómo se manifiesta.

El alma y la vida

Imaginemos un organismo unicelular. Un paramecio. Está dentro de un medio acuoso. Se desplaza por él. Mueve sus cilios y se desplaza. Toma pequeñas decisiones que lleva incrustadas en su ADN como moverse, acercarse a la comida, alimentarse. Esa es la esencia de la vida, la toma de decisiones. Pero no es la única característica de lo que llamamos vida.

De repente el paramecio muere y se descompone. El paramecio, aunque mantiene intactas todas sus estructuras vitales, por alguna razón, pierde la capacidad de tomar decisiones y al morir, se descompone, se comporta como materia inerte, obedece a las leyes de la física y sus componentes orgánicos se descomponen, o sea, dejan de formar inestables moléculas complejas pasando a elementos más estables.

El alma sería esa fuerza vital que mantiene a ese paramecio con vida, a esa compleja estructura de diferentes moléculas orgánicas inestables en equilibrio y tomando decisiones. Desde un punto de vista físico, el paramecio se encontraría en un equilibrio metaestable muy débil, tan débil que para mantenerse en él necesita consumir energía, por eso es preciso que se alimente. Pero en el momento en el que muere, deja de recibir energía y ese equilibrio se rompe y la célula se descompone, o lo que es lo mismo, todas sus moléculas (ADN, enzimas, proteínas…) se rompen en otras más estables como CO2, H2O, CH4…

Por otro lado, partimos de un primer paramecio, pero para evitar desaparecer necesita multiplicarse, reproducirse. Es la tercera pata de la vida, la reproducción y la evolución como errores y cambios en esa reproducción.

El alma por tanto tendría una función muy importante, el mantener ese complejo equilibro de moléculas orgánicas estable. Y para ello, como necesita energía, sería la que toma las decisiones en esa célula para que se mueva buscando alimento, para que se reproduzca, para que mute en nuevas células diferentes a la célula madre. En definitiva, el alma sería la esencia de la vida.

La multiplicación del alma

Hasta ahora hemos hablado de los paramecios y el alma como esa esencia que lo mantiene con vida y que le hace tomar decisiones. Decisiones muy básicas como buscar comida, moverse, pero que si lo pensamos, son decisiones muy complejas para un organismo unicelular. Pero no sólo eso. El paramecio tiene otra misión, reproducirse. Si no se reprodujera, desaparecería.

Pero al reproducirse, al separarse el paramecio inicial en dos paramecios, de repente nos encontramos con dos seres vivos independientes y por tanto, con dos almas. El paramecio se ha reproducido, pero también su alma. Hay dos almas independientes y una de ellas ha nacido de la anterior. Con cada ser vivo aparece un alma independiente

Y esto es porque cada ser vivo tiene su propia alma, esa esencia que gestiona el equilibrio metaestable de ese conjunto de moléculas orgánicas complejas que es la vida. Y una de las funciones básicas de cada ser vivo es reproducirse, por lo que las almas se multiplican.

El alma en organismos pluricelulares

Hasta ahora hemos visto el alma en un triste y pequeño paramecio, más que nada para mostrar su existencia como la esencia de la vida. Una esencia con una serie de funciones básicas: tomar decisiones, comer para conseguir la energía suficiente para mantener en equilibrio metaestable a las diferentes moléculas orgánicas que componen un ser vivo y reproducirse para perpetuarse.

Pero vayamos ahora a un ser más complejo. Un mamífero o un árbol. En ambos casos ya no sólo conviven diferentes moléculas orgánicas en equilibrio sino que ahora ya aparecen diferentes células organizadas de manera que forman un organismo muy complejo con millones de microorganismo trabajando totalmente coordinados. En un árbol las células que componen las hojas no aparecen ni en el tronco, ni en la raíz. Tampoco en las flores.

E incluso esas mismas células de las hojas se organizan para crear conductos para trasladar el alimento hasta cada una de las células. Y dan a la hora una forma determinada. Y en otoño las de muchos árboles caen para volver a nacer en primavera. Y eso que no existe un cerebro como en el caso de los mamíferos donde se sabe se concentra el centro de decisiones. Pero el alma del conjunto coordina a todo el árbol y las almas de todas y cada una de las células que lo componen. Es como si todas las almas de cada una de las células se coordinaran entre ellas para formar una única alma que gestiona todo el ser vivo.

El árbol busca el crecimiento de las raíces buscando agua. Ordena a las células de las hojas caerse en otoño y crecer en primavera. En algunos casos incluso se orientan hacia el sol. También se reproducen y, sobre todo, evolucionan. Aparecen pequeñas mutaciones en el ADN que dan lugar a pequeños cambios y si el nuevo ser vivo se adapta mejor a su entorno, tendrá más posibilidades de crecimiento, evolucionará.

Esto es aplicable a un árbol o a un mamífero.

La consciencia y el alma

Hemos visto que el alma es esa esencia que hace posible que un ser vivo se mantenga con vida, que toma decisiones y que hace que se reproduzca. En seres pluricelulares el alma de cada célula se coordina con la de las demás creando un alma superior de manera que cada célula se supedita al ser del que forma parte.

En animales superiores, el alma aparece en el cerebro ya que es este órgano el que se encarga de coordinar el gestionar el funcionamiento de todo el cuerpo. Sus células son especiales ya que la interacción de estos animales con el entorno es muy superior a las de otros seres vivos sin cerebro. La inteligencia de una simple mosca es infinitamente superior a la de una bacteria o de una planta. La mosca es capaz de moverse, recibe estímulos del exterior, detecta peligros y huye… con un cerebro minúsculo. Toma decisiones a gran velocidad y actúa en consecuencia a los estímulos que recibe.

Si ya vamos a un ser humano, aparece la inteligencia. Las decisiones que es capaz de tomar son extremadamente complejas y todos tenemos conciencia de lo que somos. Nuestra toma de decisiones es consciente, tenemos consciencia. Nuestra alma ha sido capaz de crear una consciencia, pensamientos abstractos e inteligencia.

La consciencia de la que disfrutamos es parte de nuestra alma. Esa consciencia es la que toma decisiones, la que nos indica que tenemos que comer cuando tenemos hambre, o sea, la que se encarga de buscar la energía necesaria para mantener nuestro cuerpo con vida y la que decide que tenemos que reproducirnos.

Pero nuestra consciencia es especial ya que aunque buscamos reproducirnos y alimentarnos, la toma de decisiones es lo que la caracteriza principalmente. Tanto que nuestra consciencia es capaz de decidir si queremos reproducirnos o incluso si queremos alimentarnos.

Aún así, aunque nuestra consciencia haya sido capaz de asimilar las funciones generales de nuestra alma, existen dos niveles inferiores que no controlamos conscientemente, o sea, dos niveles en los que trabaja nuestra alma de forma automática, alejada de nuestro pensamiento. El primero son las funciones de nuestro cuerpo. La circulación sanguínea, la respiración, toda la biología de nuestro cuerpo, está controlada por nuestra alma de forma inconsciente.

Y el segundo nivel es a nivel celular. El funcionamiento de cada una de nuestras células depende de esa alma formada por la suma de todas y cada una de las alma individuales de cada célula.

¿Se puede replicar la consciencia?

En principio no porque se trata de algo único. No se puede transferir la consciencia de una persona a otra o a una máquina. Cada ser vivo tiene su propia alma y cada persona su propia consciencia, inseparable de esa persona. Aunque se replicara por completo toda la vivencia de una vida y se consiguiera que un hipotético superordenador tomara las mismas decisiones que un ser humano, a partir del punto en el que se trasfirieran todos los conocimiento cada uno de los dos seres, el humano y el ordenador, seguirían su propia y diferenciada vida.

Cada consciencia es diferente y única y no sólo es irreplicable sino que además desaparece con la muerte del ser vivo que la ha creado. Y la muerte es precisamente la garantía de que la consciencia es única, irrepetible y con capacidad de evolución.

Y como veremos más adelante, la consciencia, el alma, es la base del libre albedrío. Y ese libre albedrío hace que el alma sea única.

¿Se puede crear un alma de forma artificial?

En principio sí y no a la vez. Se puede crear porque en laboratorio hemos sido capaces de crear nuevos seres vivos. Hemos creado desde nuevos organismos unicelulares, hasta nuevas razas de animales. Y como cada ser vivo tiene su propia alma, se puede decir que hemos creado almas.

Por otro lado, tarde o temprano la inteligencia artificial podrá ser completamente autónoma de manera que ella misma busque sus fuentes de energía, replicarse e incluso evolucionar por sí misma. La pregunta es: ¿Esa inteligencia artificial será consciente como lo somos nosotros? Puede, pero esa consciencia no será un alma ya que no se trata realmente de un ser vivo. Habremos creado una consciencia, pero no un alma.

¿Por qué esa consciencia artificial no es un alma? Porque puede ser conectada y desconectada a voluntad. Se puede apagar y no muere. Se puede volver a programar con otros parámetros, con otra consciencia. Es una consciencia y puede ser inteligente, pero no es un alma, no es la esencia de la vida.

Esto implica también que el alma está inexorablemente unida al ser vivo con el que nació.

Desentrañando los entresijos del alma

Ahora es cuando nos hacemos la pregunta… ¿Dónde se aloja el alma? Una pregunta con una respuesta muy compleja, muy difícil de definir.

Vamos yendo de las formas más simples de vidas a las más complejas. Las más simples se podrían considerar los virus, pero con una serie de consideraciones. Los virus en realidad no toman decisiones. Son una especie de arma química compleja con una orden que se activa en determinadas condiciones. Algunos ni siquiera tienen ADN sino que son una simple molécula de ARN con una cubierta de proteínas y otras moléculas orgánicas que simplemente se activan al infectar a una célula.

No se alimentan, no toman decisiones. Simplemente se replican utilizando para ello material genético de células vivas.

Si consideramos únicamente un virus como un organismo que actúa de forma mecánica, pasaríamos a los organismos unicelulares como los seres vivos más simples. Son organismos que toman decisiones, que se reproducen y que son capaces de mantener un equilibrio energético inestable para seguir con vida. Se diferencian de los virus en que éstos se mantienen estables gracias a su entorno, no precisan de alimentarse para obtener energía. Como hemos visto tampoco toman decisiones sino que actúan mecánicamente dando una respuesta reproductora únicamente, una reproducción que únicamente replica su ADN o su ARN.

Volviendo a nuestras células, ahí sí que aparece ya la vida porque toman decisiones (buscan alimentarse) y son capaces de mantener el delicado equilibrio que mantiene a la célula con vida. Serían los elementos vivos más simples con alma, entendiendo por el alma como la fuerza vital que cumple con las tres premisas básicas de mantenerlas con vida, tomar decisiones y reproducirse para evolucionar.

En la célula las moléculas más complejas son las que componen el ADN, la información genética de la célula. En principio podríamos pensar que el alma se encontraría en el ADN de la célula. El resto de los componentes se forman a partir de la información que contiene ese ADN. Las proteínas, que crean los ribosomas parten de información genética de su ADN. Todos los componentes de la célula parten de la información que posee el ADN por lo que sería lógico pensar que el alma de cada célula también está escrita en su ADN.

Si pasamos a organismos más complejos, pluricelulares. el ADN tiene una función más compleja. No sólo hace que se reproduzca una célula sino que en la génesis del ser vivo es capaz de generar diferentes tipos de células que componen cada una de las partes de ese ser vivo, manteniendo todas el mismo ADN. Podríamos pensar que ese ser vivo tiene una sola alma que es la que gestiona todo el organismo. Cuando el alma muere, el ser vivo… muere.

¿Y cómo muere el alma? Si descontamos accidentes y otros eventos brutales, la muerte se produce generalmente por envejecimiento. La información genética lleva implícita una orden de envejecimiento en la que el ser vivo se degrada. Por ejemplo, en un árbol, pasados los años, las células que componen la raíz, el tronco, las ramas, las hojas, envejecen. Aunque las células se renuevan constantemente, hay una orden genética que le dice a ese árbol que está llegando al final de su vida útil y las células de sus diferentes componentes mutan, haciéndose más leñosas, con menos capacidad de mover la sabia por el tronco, las hojas hacen peor la fotosíntesis y al final acaba muriendo, aunque haya partes del árbol que sigan creciendo durante algún tiempo.

Podría ser el ADN el que contiene las órdenes para el funcionamiento de ese ser vivo, el que contiene al alma.

En el caso de los animales con consciencia, ésta se encuentra en el cerebro y es su sistema nervioso el que se ocupa de mantener las constantes vitales activas para que el animal siga con vida. Cualquier parte del cuerpo separada del resto muere ya que no recibe alimento. Sus células pueden mantenerse con vida unas horas o incluso unos días, pero acaban falleciendo y descomponiéndose.

Una de las características de los animales con cerebro es que la muerte es brusca aunque a veces reversible durante un corto período de tiempo. Los cerebros son extremadamente sensibles y un fallo vital que les deja sin alimento, sin sangre, durante tan sólo unos minutos conduce a daños irreversibles.

En estos animales se podría pensar que el alma se encuentra en el sistema nervioso, ya que es el encargado de mantener las constantes vitales que alimentan a todas las células del organismo para que mantengan su equilibro inestable y es el encargado de tomar decisiones. Pero no es el encargado de la reproducción de las células ni de que éstas se alimenten, que cojan su alimento y tomen esas decisiones básicas a nivel celular.

Podríamos creer que lo mismo que las células se han organizado de forma muy compleja para dar lugar a un organismo con un equilibro extremadamente complicado, el alma también ha evolucionado de manera que se muestra mucho más compleja, un alma superior para un organismo superior, pero que está compuesta por la interacción de todas las almas de cada una de las células, interacción que se mantiene mientras estén unidas al cuerpo y cuyo centro de decisión se concentra en el cerebro.

El alma tras la muerte

El alma  es algo inherente a la vida y está íntimamente ligada a ella. Lo más lógico es pensar que cuando el ser vivo asociado a un alma muere, el alma desaparece. El alma además es única y asociada a un ser vivo por lo que no tiene demasiado sentido pensar que una vez desaparecido ese ser vivo, el alma tiene sentido.

Esto es fácil de comprender en un ser vivo unicelular. Sin embargo cuando hablamos de seres conscientes como los humanos, debido a que asociamos el alma a esa consciencia, más que nada por el miedo que nos produce la muerte, el desasosiego de saber que al desaparecer la consciencia, desaparecemos nosotros.

Pero la consciencia, ese aspecto evolucionado del alma, precisamente el que nos hace inteligentes, desgraciadamente está relacionada con un único ser humano, y desaparece con él.

En la novela “La muerte de Adam” se baraja la posibilidad de que el alma puede vivir fuera de un ser humano, pero sin posibilidad de relacionarse con nada ya que ha perdido los sentidos que la conectan al exterior. Un alma aislada en una  cárcel eterna de la que es imposible escapar.

Los aspectos teológicos del alma

Que en los seres humanos el alma se manifieste de forma consciente ha dado lugar a muchas especulaciones, como es lógico. Pasar del alma de un paramecio al de un ser humano es un salto importante. Además, el alma del ser humano hace que éste sea consciente de su existencia. Una de las características de la inteligencia es el pensamiento abstracto lo que implica que seamos capaces de asumir nuestra individualidad.

Y la respuesta más sencilla a la pregunta de por qué somos inteligentes, de la consciencia de nuestra propia existencia, es que tenemos un alma que habita en nuestro cuerpo. El miedo a la muerte, a nuestra desaparición nos ha hecho creer que nuestra alma puede separarse de nuestro cuerpo y convertirse en inmortal. Creemos que nuestra alma sigue viviendo después de nuestra muerte. Y hay varias corrientes de pensamientos sobre a dónde va a parar el alma.

Hay quien piensa que el alma se reencarna en otro ser vivo. Algunos creen que sólo ocurre entre humanos mientras que otros amplían ese traslado de almas entre cualquier ser vivo. Aparece la limitación de que cuando un alma abandona un ser vivo, se resetea, deja sus recuerdos en el organismo que habitaba y vuelve a empezar de nuevo. Aunque esta creencia tiene sus problemas. ¿Por qué el alma se lleva todos los conocimientos sobre el funcionamiento del cuerpo humano (los dos niveles inferiores antes mencionados) pero obvia trasladar los que ha obtenido por medio de la consciencia? Difícil respuesta.

La reencarnación es la base  del relatocuento “Fuera de mí”.

Para otros el alma es inmortal y al morir el cuerpo se va junto con otras almas a disfrutar de la felicidad al lado de una alma suprema. Por toda la eternidad… vaya tortura, ¿no? Años y años, siglos, milenios… de vida contemplativa.

Hay otra corriente por la que las almas, al morir el cuerpo, se convierten en errantes y vagan por el mundo en forma de espíritus. Esto ha generado todo un género literario escorado normalmente hacia el terror. La novela “La casa del Alto de Enate” es precisamente una novela de espíritus.

Es normal que la consciencia, relacionada con el alma, nos dé qué pensar. Es algo difícil de entender y puede inducirnos a pensar que el alma es algo que puede separarse de la vida. Pero si entendemos el alma como algo inherente a la vida, ésta desaparece con la muerte. No es algo trágico sino que simplemente algo que tenemos que asumir.

El alma y el libre albedrío

Si tenemos un grupo numeroso de paramecios y los sometemos a un estímulo como por ejemplo calentar el medio acuoso en el que habitan, la mayoría se moverán buscando la zona donde la temperatura es más adecuada para ellos. Pero habrá un número de ellos que se muevan a zonas más cálidas y otros irán a zonas más frías. No son la mayoría, pero el que haya paramecios que responden de forma diferente al mismo estímulo nos indica dos cosas:

  • – Existe un centro de decisiones en la célula.
  • – Ese centro de decisiones funciona mediante el libre albedrío.

Una simple célula tomando una decisión simple se lleva por delante el determinismo y además hace especial a la vida y al alma. La toma de decisiones no se corresponde únicamente como respuesta a un estímulo, a la valoración de las variables y estudio de la respuesta más adecuada sino que esa respuesta puede ser diferente a los mismos estímulos.

El análisis de la respuesta de una célula a estímulos simples prueba el libre albedrío. En seres conscientes sería más difícil de probar ya que se podría pensar que la toma de decisiones puede influenciarse aparte de por los estímulos, por el estado de ánimo, por los recuerdos… o sea, que una respuesta consciente podría estar condicionada por todos esos factores y no responder al libre albedrío. En cambio, nuestro paramecio no tiene recuerdos, no tiene estado de ánimo, simplemente da una respuesta a un estímulo, que no siempre es la misma.

Podría decirse que precisamente el libre albedrío, esa toma de decisiones, es la esencia de la vida. ¿Se podrá replicar el libre albedrío en inteligencia artificial?

Personalmente creo que será muy difícil, si no imposible. Un ordenador, por muy complejo que sea, tomará decisiones, pero éstas sí estarán condicionadas por su programación, no se conseguirán por el libre albedrío. Y el problema viene porque no se pueden conseguir series aleatorias reales. No hay un método de obtener un número al azar, cualquier serie que se cree proviene de un programa informático y el resultado es pseudoaleatorio.

Es posible que se puedan crear inteligencias artificiales complejas, con niveles de consciencia importantes y que puedan tomar decisiones importantes. Podrían ser incluso más inteligentes que el ser humano, superarnos en eso, pero no tendrían alma ni disfrutar realmente del libre albedrío. Podrán evolucionar por sí mismas, pero será una evolución dirigida, no casual como la evolución de la vida en la que sí se producen cambios aleatorios.

El libre albedrío es inherente al alma y a la vida.

Conclusiones sobre el alma

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2 pensamientos en “¿Qué es el alma?

  • 29 noviembre, 2022 a las 9:38 pm
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    Una visión muy curiosa del alma. Un punto de vista distinto. Me ha sorprendido

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  • 30 noviembre, 2022 a las 10:15 pm
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    Me ha gustado la explicación de la gallina y el huevo. Cuando buscas sobre el tema dicen que el huevo porque los huevos aparecieron con los dinosaurios y las gallinas posteriormente. Pero no es la respuesta correcta, ésta me gusta más.

    Responder

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