El último concierto de Sako de Pota

Los años 80, drogas y rock & roll

Sexo no, porque ya se sabe que en Euskadi no se folla. Fue una época dura en la que fumar porros era lo menos que se podía hacer. En los institutos de secundaria había bares y se consumía tabaco en clase. Y los chavales de secundaria tenían entre 14 y 18 años. Era habitual que en el recreo se tomara una cerveza con un cigarrillo en la mano o rulando un peta entre los amigos.

Se hacía pira habitualmente y cerca de los institutos podías encontrar salas de juegos. Pero no las cutres actuales de apuestas, no. Había billares o maquinitas de las que siempre acababan en un “Game Over” tras el cual aparecía un “Insert coin”, las primeras 4 palabras que todos aprendimos en inglés.

Los que peores notas sacaban eran derivados inmediatamente a la FP, que en aquella época estaba más denostada incluso que el bachillerato. Si en los institutos había bar, en los centros de FP ni te cuento. Eso sí, los chicos estudiaban metal (y jugaban con el torno a hacer piezas de acero) y las chicas peluquería o secretariado. Era una época muy machista.

Y la música que imperaba era una el denominado Rock Radical Vasco, una mezcla de rock y punk que definía un estilo propio, diferente, y de una gran riqueza musical.

La reconversión industrial

En los 80 Euskadi era un país eminentemente industrial. Vitoria-Gasteiz estaba rodeada prácticamente en todo su perímetro por un importante cinturón industrial. Empresas como Cablenor, Forjas Alavesas, Michelín o DKV eran el motor de una economía que movía una importante industria auxiliar. Toda la margen izquierda de la ría bilbaína albergaba altor hornos o astilleros que como el caso de Euskalduna, llegaban hasta Deusto. Los valles interiores guipuzcoanos estaban completamente industrializados con importantes grupos empresariales como las cooperativas de Mondragón o CAF en Beasain.

El Zadorra era embalsado en Ullíbarri y en Urrunaga y surtía de agua y energía a esa industria y una vez pasada la capital alavesa fluía muerto aguas abajo por la ausencia de depuradoras, como el Nervión desde Amurrio o cualquiera de los ríos guipuzcoanos, con centenares de empresas vertiendo sin control a sus aguas. El cielo gris de Bilbao era mítico.

Pero llegó una dura e importante reconversión industrial que se llevó por delante a gran parte de la industria vasca, lo que trajo una época de conflictividad laboral que sirvió de trasfondo político a los años 80, un trasfondo político marcado también por los años de plomo, con decenas de atentados de ETA.

Fueron años duros en los que la droga, los atentados y las huelgas estaban a la orden del día, en la que la música reflejó lo que ocurría en las calles.

Las drogas, la época de la heroína.

En los 80 y en los 90 la heroína fue una lacra en Euskadi. Se llevó decenas de vidas jóvenes y pocos consiguieron rehabilitarse. Ahora, pasados los años, es difícil encontrar ex-heroinómanos. La mezcla de heroína y SIDA truncó la existencia de muchísimos chavales. El costo era de consumo habitual. En aquella época se fumaba en los bares y los menores tenían acceso al alcohol sin restricciones. Lo que ahora se conoce como botellón en los 80 se limitaba a unas litronas antes de ir al casco viejo de cualquiera de las capitales vascas a tomar tintos o zuritos (las mil pelas de paga no daban para más)

Y siempre había algún amigo que pillaba costo. Los porros rulaban por toda la cuadrilla. El problema venía porque algún camello ofrecía aparte de costo, heroína. Y llegaba el primer pico… y quien entraba en esa rueda ya no salía.

Fue una época muy dura, donde era habitual encontrar jeringuillas en los parques y en zonas como los bajos del Mercado de la Ribera de Bilbao había decenas de drogadictos esperando su dosis diaria.

Pero cuando eres heroinómano, no te preocupa nada más que conseguir tu dosis. Era habitual encontrarlos dando el palo a críos para robarles la paga o a ancianos para quitarles su pensión. Su esperanza de vida era muy corta, caían como moscas por sobredosis o por droga adulterada. De vez en cuando aparecía una partida de droga más pura y las sobredosis se llevaban por delante a media docena de chavales en apenas una semana.

Y esto se agravó con la llegada del SIDA. El compartir jeringuillas ayudó a su difusión. El que a los heroinómanos les importara una mierda su vida no ayudó a contener la enfermedad. A principios de los 90 la plaga empezó a decaer, más que nada por la falta de chavales a los que infectar.

Una sociedad machista

Éramos muy abiertos. Veníamos de una época muy oscura de nuestra historia. En los últimos estertores del régimen aun era obligatorio ir a misa los viernes toda la clase juntos y la segregación por sexos en los colegios privados religiosos era la norma. Y los chavales de los 80 intentaban romper con ese régimen, pero era complicado, había una carga social muy fuerte que lo impedía.

Como os he comentado más arriba, en la FP los chicos hacían metal y electricidad y las chicas peluquería y secretariado. En la universidad ellas acaparaban las carreras de enfermería y medicina, así como psicología y bellas artes mientras que ellos se centraban en empresariales, ingenierías y ciencias.

Y en la música era igual. La mayor parte del rock radical vasco estuvo copado en exclusiva por hombres. Sólo recordamos a Las Vulpess como grupo integrado por mujeres. Es cierto que las leyes de entonces no han cambiado mucho y que legalmente las mujeres tenían en aquella época los mismos derechos que los hombres, pero la evolución social desde entonces hasta ahora ha sido brutal.

El Rock Radical Vasco

Surgieron multitud de grupos en aquella época. De muchos de ellos no queda ni apenas el recuerdo. Forjas Alavesas, Piruleta de Hormigón, Las FOP son algunos de esos grupos que me vienen a la cabeza pero de los que nadie se acuerda y de las que ni siquiera quedan vestigios por YouTube haciendo arqueología. Pero si hablamos de uno de los integrantes de Forjas Alavesas, Goar Iñurrieta, vemos que éste formó parte también los míticos Cicatriz y posteriormente con Nacha Pop y que incluso tocó con Estopa en sus orígenes.

Porque el Rock Radical Vasco dio grupos de mucha calidad, como Hertzainak, La Polla Records o Barricada. Ya más tardíos fueron, algo ya desmarcados de esa corriente, Su Ta Gar o incluso Platero y Tú, que degeneró en el archiconocido Fito y los Fitipaldis.

Había grupos de marcado carácter punk como Eskorbuto o la ya mencionada La Polla Records. Grupos con personalidad propia como Zarama, Kortatu o Hertzainak. El heavy metal tampoco faltaba con EH-Sukarra, Su Ta Gar o un poco más a su bola, Ángeles del Infierno.

Pero sobre todo lo que definía al movimiento musical era el rock, con Barricada como los reyes absolutos pero con otros exponentes como RIP, Cicatriz o Zer Bizio.

Además de estos había decenas de grupos que hacían bolos, con poca calidad musical que apenas llegaron a grabar una maqueta, o si siquiera eso. Uno de ellos fue el grupo protagonista de esta historia, Sako de Pota.

Sako de Pota

La historia de este grupo nace en el momento en el que cuatro amigos, sin demasiados conocimientos musicales, deciden crear un grupo punk como forma de expresión, como vehículo para dar a conocer al mundo sus pensamientos. El vocalista, Andoni, el Motxo, junto con Txelo, guitarrista, el Pipas, batería y Pelopintxo, bajo, crearon el grupo allá por los principios de los 80. Su primera inquietud fue buscar un nombre adecuado para el grupo, que perdurara, que tuviera fuerza.

Con toda la ilusión del mundo marcaron las pautas para ese nombre. Debería tener una T para poderla representar con una cruz invertida. Una A para con su círculo alrededor representara la anarkía. También una O, con su flecha de Okupación, algo muy de moda en aquella época de gastetxes y casas aurogestionadas. Y por último, no podía faltar la K. Era algo muy vasco, muy anarquista, muy contracorriente.

Lo primero que se les vino a la cabeza fue Tako. Cumplía con las 4 premisas, pero resultaba muy pobre, con poca fuerza. Lo mejoraron tras dos porros y media botella de patxaran por Eskupitajo. Pero ya estaba cogido. Al final se decidieron por Sako de Pota. Tenía fuerza y les representaba a la perfección.

Después de ensayar en casa y hacer algún bolo por bares del barrio, por fin llegó su sueño de dar un concierto.

Pero desgraciadamente, en la primera canción, antes de empezar siquiera a cantar, Andoni se tira del escenario al público con tan mala suerte que los punks que estaban debajo fueron más rápidos que él, apartándose y dejando que cayera al suelo, rompiéndose un brazo… y truncándose la prometedora carrera del grupo y cambiando el mote del Motxo por el más adecuado del Punki Volador.

El último concierto de Sako de Pota

La novela comienza en 1984. El grupo punk Sako de Pota está dando su primer concierto. Es la primera canción en directo, pero su prometedora carrera de trunca cuando el vocalista, completamente colgado tras una brutal ingesta de patxaran, se lanza desde el escenario y se rompe un brazo.

Décadas después, en 2016, los miembros del grupo han cambiado. En la década de los 80 estaba de moda ser unos fracasados. El punk era el himno de los fracasados. En 2016 esa moda se ha convertido en realidad. El vocalista está en paro y separado, viviendo con su madre. Otro de los miembros ha fallecido de una sobredosis… de tiza. El batería ha perdido revoluciones por culpa del costo y vive de una pensión gracias a la herencia de su madre. El único que ha triunfado en la vida es el bajo, que trabaja en la caja de ahorros.

Los supervivientes apenas tienen contacto entre sí. Sin embargo, un promotor contacta con Andoni, alias El Motxo, Alias El Punki Volador, alias Toño para proponerle hacer un concierto, más de 30 años después del mítico de 1984. Y deciden reunirse y volver a tocar. Pero los tiempos han evolucionado más rápidamente que ellos.

Novela de humor, escrita en primera persona, con un tono sarcástico, con unos personajes peculiares que sin duda te llegarán al alma. Los componentes del grupo, la madre de Toño, la madre de Txelo, el cuñado de Toño, su hijo. Cada uno con sus peculiaridades y descritos desde el punto de vista subjetivo de nuestro protagonista.

Disfrútala, la tienes pinchando la foto

3 pensamientos en “El último concierto de Sako de Pota

  • 29 octubre, 2022 a las 9:22 pm
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    Jo, qué recuerdos, qué buena recopilación de canciones, me ha encantado. La novela promete.

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  • 6 noviembre, 2022 a las 6:21 pm
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    Me he descargado la muestra de la novela. Empieza muy bien, me la he pedido en papel

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  • 5 diciembre, 2022 a las 10:27 pm
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    Jodo que novelón. Me he reído como nunca. Pero qué personajes más patéticos pero tan bien construidos. Me ha encantado. Otra!!! Otra!!!

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